Hay tapas universalmente conocidas que no deberían faltar nunca en la carta de un bar o restaurante: las patatas bravas, el pulpo a la gallega, un plato de jamón y sin ninguna duda las gambas al ajillo. Hoy vamos a hablar de este último plato, seguramente una de las recetas más fáciles de preparar y un imprescindible considerado por muchos, patrimonio de la cultura popular.

Las gambas al ajillo suelen flotar sobre una tentadora salsa de aceite, con ajos y por supuesto con un toque picante que le aportan los trocitos de guindilla. Como veis, se necesitan pocos ingredientes para la elaboración de esta deliciosa tapa, eso sí, si queréis conseguir un resultado sublime, las gambas tienen que ser frescas, el aceite de oliva virgen extra y evitar que los ajos estén muy secos. Nada más.

El truco para cocinarlas también es muy sencillo: Debes echar el ajo con el aceite en frío para que le dé sabor sin llegar a amargar y cuando estén en su punto añadir las gambas fuera del fuego. Además, no tienes que cocinar las gambas en exceso para evitar que queden secas y nunca dejes los ajos demasiado tiempo en el fuego antes de echar las gambas. Si los ajos se queman van a amargar el plato final.

Podéis preparar este plato con langostinos o gambones, lo que esté a mejor precio en el mercado. Eso sí, el tiempo de cocción dependerá de su grosor. Cuando veáis que cambia de color ya podéis sacarlas del fuego.

Se suele asociar este plato al buen moje de pan en el aceite impregnado del sabor del marisco y el ajo. Se sirve tanto como tapa, como plato principal o como base de otros platos, ya sean unos macarrones o un revuelto de gambas. Las gambas al ajillo son el claro ejemplo de que se puede preparar un plato delicioso en muy poco tiempo. Sorprende a tus comensales o ¡déjate sorprender en Gustos con este magnífico plato! 😊

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